Cómo ayudar a una persona con bloqueo emocional

Cuando alguien a quien quieres se cierra emocionalmente, es difícil saber qué hacer. Quieres ayudar, pero temes que cualquier cosa que digas empeore las cosas. Preguntar cansa. Callar parece indiferencia. Y mientras tanto, notas cómo esa persona se aleja poco a poco.

Si has llegado hasta aquí buscando cómo ayudar a una persona con bloqueo emocional, este artículo es para ti.

No vas a encontrar recetas ni fórmulas, pero sí una forma más honesta de acompañar, basada en algo que la Terapia Gestalt lleva décadas trabajando: no se ayuda arreglando al otro, se ayuda estando disponible sin invadir.

Manuel Cabanillas, terapeuta gestalt en Zaragoza

Acompañamiento profesional en Terapia Gestalt

Si estás intentando ayudar a alguien y sientes que no encuentras el modo, o si notas que el bloqueado eres tú, no tienes que resolverlo solo. Desde la Terapia Gestalt trabajamos juntos para poder acompañar (o ser acompañado). Primera sesión informativa sin compromiso.

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Qué es un bloqueo emocional (y qué no lo es)

Un bloqueo emocional aparece cuando una persona tiene dificultades para reconocer, sentir o expresar lo que está viviendo.

Puede notar que algo le pasa, pero no consigue ponerle palabras. Puede sentir tristeza y no poder llorar. Puede estar enfadada y mostrarse aparentemente tranquila. Puede saber que necesita tomar una decisión, pero sentirse incapaz de avanzar.

Persona pensativa con bloqueo emocional, incapaz de expresar lo que siente

Desde una mirada Gestalt, lo entendemos como una interrupción del contacto con la propia experiencia: la persona no está desconectada del mundo, sino de lo que ocurre dentro de ella.

Ahora bien, no todo silencio es un bloqueo. Estar callado, necesitar estar solo o no querer hablar en un momento concreto no significa necesariamente estar bloqueado. A veces, sencillamente, se necesita tiempo.

Cómo saber si la persona a la que quieres ayudar está realmente bloqueada

No podemos saberlo con certeza desde fuera. Pero sí podemos observar algunos indicios que, cuando se repiten y se mantienen en el tiempo, apuntan a un bloqueo emocional:

  • Cambios importantes en su comportamiento habitual.
  • Aislamiento prolongado.
  • Dificultad para expresar lo que siente.
  • Irritabilidad o apatía sostenidas.
  • Ansiedad o inquietud constante.
  • Sensación de estar desconectada de sí misma.

Estas señales no son un diagnóstico. Son pistas para poner atención sin sacar conclusiones apresuradas.

Por qué no ayudan las preguntas típicas: «¿qué te pasa?» o «cuéntame»

Cuando alguien está emocionalmente bloqueado, una pregunta tan amplia como «¿qué te pasa?» puede ser incluso más difícil de responder de lo que parece. Porque precisamente quizá no sabe qué le pasa. O sabe que algo ocurre, pero todavía no puede expresarlo.

«Cuéntame» suena a invitación, pero también puede convertirse en una demanda. La persona bloqueada siente que se le pide algo que no puede dar.

Desde la Terapia Gestalt, el interés no está solo en obtener información. Está en favorecer el darse cuenta de lo que está ocurriendo en el presente. Y para eso, muchas veces es más útil bajar el volumen que subirlo.

A veces basta con decir:

«No tienes que explicarme nada. Puedo quedarme aquí contigo.»

Y dejar espacio.

Trabajar el bloqueo emocional con acompañamiento profesional

Si sientes que llevas tiempo intentando ayudar a alguien y te está desgastando —o si notas que el bloqueado eres tú—, hablar con un terapeuta puede ayudarte a ver con más claridad lo que estás viviendo.

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Cómo estar presente sin invadir el espacio del otro

Acompañamiento en silencio: cómo estar presente sin invadir el espacio del otro

Fritz Perls, uno de los fundadores de la Terapia Gestalt, dejó una frase que resume muy bien lo que significa un contacto sano entre dos personas:

«Yo soy yo y tú eres tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas, y tú no estás en este mundo para cumplir las mías. Si nos encontramos, es hermoso. Si no, no hay nada que hacer.»

Perls insistía mucho en dos ideas: la responsabilidad (cada persona con lo suyo) y el contacto. Contactar es encontrarse con el otro manteniendo la diferencia, sin querer fundirse ni querer cambiarle.

Acompañar a una persona bloqueada es exactamente eso: estar disponible sin apropiarse del espacio del otro. Ni exigir apertura, ni retirarse por miedo a molestar. Simplemente estar.

Frases y gestos que sí ayudan

Algunas frases que suelen ayudar más de lo que parece:

  • «Estoy aquí.»
  • «No necesitas explicármelo ahora.»
  • «¿Quieres que te acompañe o prefieres estar solo?»
  • «Podemos estar en silencio.»

Y a veces los gestos comunican más que las palabras: servirle la bebida que le gusta, prepararle una comida, sentarse a su lado sin decir nada. Lo importante es que la persona sienta que «estás ahí sin ninguna pretensión».

Frases que suelen ayudar menos

Aunque se digan con buena intención, hay frases que suelen dejar a la persona bloqueada más incomprendida todavía:

  • «Anímate.»
  • «No pienses tanto.»
  • «Todo pasa.»
  • «Tienes que ser fuerte.»
  • «Hay mucha gente que está peor que tú.»
  • «Sal a que te dé el aire.»

No se trata de censurarnos ni de sentirnos mal por haberlas dicho alguna vez. Se trata de darnos cuenta de que no todo consuelo consuela, y que a veces menos es más.

El error más común: intentar arreglarlo en lugar de sostener

Este es, probablemente, el error más frecuente cuando queremos a alguien. Nos angustia verlo sufrir. Y para reducir nuestra propia angustia, intentamos solucionarlo.

Buscamos información. Damos consejos. Proponemos soluciones. Le decimos «haz esto, haz aquello». Pero acompañar no siempre significa solucionar. Puede que la persona esté atravesando algo que nosotros no podemos arreglar.

Esto requiere una capacidad difícil: soportar nuestra propia sensación de impotencia. Estar al lado sin poder cambiar lo que ocurre, sin taparlo con consejos, sin usar la actividad como huida.

La Terapia Gestalt pone mucho valor en permanecer en contacto con lo que está ocurriendo, en lugar de apresurarnos a eliminarlo. Porque muchas veces lo que la persona necesita no es una salida, es sentirse acompañada mientras encuentra la suya.

Cuándo sugerir ayuda profesional (y cómo hacerlo sin ofender)

Hay situaciones en las que el acompañamiento de familiares y amigos no es suficiente. Conviene plantear ayuda profesional cuando aparecen, y se mantienen en el tiempo, señales como:

  • Sufrimiento sostenido durante semanas o meses.
  • Alteraciones del sueño o de la alimentación.
  • Deterioro en el trabajo o en las relaciones importantes.
  • Aislamiento y soledad continuados.
  • Consumo problemático de sustancias.
  • Desesperanza profunda o pensamientos que hacen dudar de su propia seguridad.

Cuando la persona presenta cualquier riesgo inmediato de autolesión o pensamientos suicidas, la prioridad absoluta es buscar ayuda urgente en los servicios de emergencia o sanitarios correspondientes (en España, el teléfono 024 atiende crisis de conducta suicida las 24 horas).

En los demás casos, incluso el modo en que planteamos la ayuda profesional importa. Muchas veces se hace con torpeza y la otra persona se pone a la defensiva.

En lugar de:

«Necesitas ir al psicólogo.»

Suele funcionar mejor algo como:

«Te veo mal. Si quieres, podemos buscar juntos algún profesional.»

El matiz es sutil pero importante: pasar de imponer un diagnóstico a ofrecer un acompañamiento en el proceso de buscar ayuda.

Autocuidado del acompañante: cómo evitar cargar con lo que no te toca

Acompañar a alguien que sufre puede ser agotador. Sin darte cuenta, puedes empezar a pensar constantemente en esa persona, a sentirte responsable de que mejore, a vigilar cómo está, a organizar tu vida en función de su estado.

Y en ese esfuerzo, dejas de atender tus propias necesidades.

Acompañar no significa responsabilizarte de la recuperación del otro. Puedes escuchar, pero no puedes sentir por otra persona. Cada quien tiene que atravesar lo suyo.

Autocuidado del acompañante: cuidarte también forma parte de acompañar bien

Cuidarte también forma parte de acompañar bien. Dormir, mantener tus rutinas, seguir viendo a otras personas, permitirte disfrutar y reconocer tus propios límites no es egoísmo: es lo que te va a permitir seguir estando cuando esa persona te necesite.

El enfoque Gestalt: crear las condiciones para que la emoción pueda expresarse

Una de las aportaciones más interesantes de la Terapia Gestalt es esta: no se trata de obligar a la persona a expresar una emoción, ni de decirle qué debe sentir. Se trata de crear un entorno seguro para que pueda darse cuenta de lo que está ocurriendo en ella.

Cuando el entorno es seguro, aparecen preguntas gestálticas que abren en lugar de cerrar:

  • ¿Qué notas ahora?
  • ¿Dónde lo sientes en el cuerpo?
  • ¿Qué emoción aparece?
  • ¿Qué necesitas?

La emoción, muchas veces, necesita tiempo para aparecer. Y suele aparecer precisamente cuando dejamos de perseguirla.

Laura Perls y otras figuras de la tradición gestáltica desarrollaron una manera de entender el proceso terapéutico centrada en el contacto, la presencia y la experiencia vivida. Desde esta perspectiva, acompañar no consiste en empujar a alguien hacia un lugar determinado. Consiste en estar disponible para encontrarnos con esa persona tal y como está ahora.

Es ofrecer un espacio donde el otro pueda sentirse acompañado mientras vuelve, poco a poco, a encontrarse consigo mismo.


Si estás acompañando a alguien con un bloqueo emocional y sientes que la situación te está desbordando, o si notas que quien está bloqueado eres tú, puede ser el momento de explorar qué hay debajo con el acompañamiento adecuado.

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