Si estás leyendo esto es probable que hayas tenido un ataque de ansiedad estando en el trabajo. En una reunión, en una videollamada, delante del ordenador. Y desde entonces convives con el miedo a que te vuelva a pasar.
Este artículo es una guía práctica para entender qué está pasando y para tener herramientas listas cuando la ansiedad aparezca en tu puesto: en la mesa, en el baño, y también antes y después del ataque.

Acompañamiento profesional para ataques de ansiedad en el trabajo
Si los episodios se están repitiendo en tu puesto y notas que empiezas a evitar reuniones, llamadas o tareas por miedo a que te dé otro, no tienes por qué pasarlo solo.
La ansiedad no es un momento: es un circuito
Las personas que sufren ansiedad la suelen describir en términos de un instante: «ayer me dio un ataque», «estoy supernerviosa», «no sé qué me está pasando». Pero la ansiedad es más un circuito que un momento puntual. Cada episodio es una cadena que se compone de:
- Algo del exterior (un ruido, un sitio, un comentario, un correo, una reunión inesperada).
- Algo de dentro (un pensamiento, un recuerdo, una emoción, una sensación en el cuerpo).
- La interpretación («esto me supera», «esto va a ir mal»).
- Sensaciones corporales extrañas (opresión en el pecho, taquicardia, mareo, hormigueo, calor).
- La conducta (bloqueo, control excesivo, evitación).
- Un resultado que refuerza el circuito («volverá a pasar»).
Es importante darse cuenta de este circuito para poder cortarlo en el momento apropiado. Cuando lo miras así, deja de ser «algo que me pasa de repente» y empieza a ser algo que puedes reconocer, anticipar y trabajar.
🎥 En vídeo · Manuel Cabanillas
¿Es ansiedad o me estoy saliendo de mi ventana de tolerancia?
La ventana de tolerancia es el rango en el que tu sistema nervioso funciona bien. Cuando te sales, aparece la ansiedad. Te lo explico en menos de un minuto.
¿Por qué los ataques aparecen justo en el trabajo?
El trabajo puede convertirse en un entorno especialmente propicio para que aparezca un ataque. Durante varias horas estás sometido a ciertas exigencias, tienes menos libertad para parar o marcharte y, además, debes seguir funcionando aunque empieces a encontrarte mal.
A esto puede sumarse el estrés acumulado: una carga de trabajo excesiva, jornadas largas, conflictos con compañeros o responsables, falta de reconocimiento o simplemente la sensación de no estar a gusto en tu puesto. No tiene por qué existir un único desencadenante; muchas veces es la suma de pequeñas tensiones mantenidas en el tiempo.
Por eso, que un ataque aparezca en el trabajo no significa necesariamente que surja de la nada. Puede ser el momento en el que el estrés acumulado, el cansancio y la sensación de no poder detenerte o salir de la situación terminan por desbordarte.
Señales previas: el aviso que tu cuerpo te da antes del ataque completo
Antes del ataque completo, el cuerpo suele avisar. Aprender a reconocer esas señales es la mejor forma de cortar el circuito antes de que se dispare:
- Tensión en la mandíbula, cuello u hombros.
- Respiración que se vuelve más corta y sube al pecho.
- Sensación de calor repentino o de frío en las manos.
- La atención se vuelve difícil, la mente se dispara.
- Ganas de mirar el móvil, de levantarte, de salir de la sala.
- Un nudo en la boca del estómago.
Si detectas alguna de estas señales, aún estás a tiempo. Aquí es donde entran las técnicas siguientes.
¿Qué hacer en los primeros dos minutos si estás en una reunión?
Cuando estás en una reunión, delante de un cliente o en una videollamada y notas que el circuito se está activando, no siempre puedes levantarte. En esos primeros dos minutos, dos herramientas concretas y discretas:
1. Respiración silente 3-5
Inhala en 3 segundos por la nariz y exhala en 5 segundos por la boca (con los labios ligeramente juntos, para que salga suave). Que la exhalación sea más larga que la inhalación es lo que activa el freno parasimpático, el que baja la activación.
Mientras respiras, relaja hombros, cuello y espalda. Muchas veces sin darnos cuenta llevamos horas contraídos.
2. Anclaje sensorial rápido
Un ejercicio muy corto que puedes hacer sentado sin que nadie lo note:
- Fíjate en tres cosas que puedes ver en la sala.
- Escucha dos sonidos distintos (el aire acondicionado, un teclado).
- Toca un objeto concreto (la mesa, el bolígrafo, tus llaves en el bolsillo).
Este anclaje devuelve tu atención al presente y al cuerpo, y desactiva el pensamiento catastrofista que estaba tomando el mando.
¿Cómo excusarte para retirarte un momento sin dar explicaciones?
Si notas que el ataque va a ir a más y necesitas salir, no tienes que dar explicaciones. Estas frases funcionan en casi cualquier contexto:
- «Perdonad, salgo un momento, ahora vuelvo.»
- «Voy un segundo al baño.»
- En videollamada: apagar cámara y micro, y escribir «Un momento, ahora vuelvo».
Salir a beber agua, mojarte las muñecas o simplemente cambiar de espacio interrumpe físicamente el circuito.
Deja de gestionar la ansiedad tú solo cada semana
Si los episodios se repiten en tu trabajo y ya llevas meses evitando ciertas reuniones o tareas, no es tema de «aprender más técnicas».
El baño como refugio: cinco minutos para recomponerte
Si has salido de la sala y te has metido en el baño, tienes ahí un espacio corto pero muy útil. En cinco minutos, dos cosas concretas:
- Respiración abdominal: pon una mano en el pecho y otra en la barriga. Inspira por la nariz y siente cómo se mueve la mano de la barriga, no la del pecho. Suelta el aire despacio por la boca. Repítelo durante todo el rato que estés allí.
- Mueve el cuerpo: hombros arriba y abajo, cuello a un lado y al otro, espalda. Cinco o seis movimientos suaves de cada zona. Deshace la tensión acumulada.
Un truco añadido: si puedes, mójate las muñecas y el cuello con agua fría durante 30 segundos. Estimula el nervio vago (el que activa el freno) y la reacción del cuerpo es casi inmediata.
¿Cómo volver a tu puesto sin sentir vergüenza?
La vergüenza es uno de los ingredientes que más agranda un episodio a posteriori: «habrán notado algo», «pensarán que no puedo con esto». En la mayoría de los casos, los demás no han notado ni la mitad de lo que crees. La sensación interna de un ataque es muy intensa, la manifestación externa muchísimo menos.
Al volver, no te expliques ni te disculpes: solo retoma. Un «gracias» cuando entres, sentarte, respirar una vez y seguir. Cuanto menos peso le des a la salida, menos peso tendrá el episodio en tu memoria emocional.
Qué NO ayuda, aunque parezca lo lógico
- Forzarte a estar tranquilo. Repetirte «cálmate» o «no me puede estar pasando esto aquí» solo aumenta la activación.
- Aguantar en silencio a base de tensión. Cerrar los puños, apretar los dientes, contener el aire. Todo eso alimenta el circuito.
- Salir huyendo sin recomponerte. Marcharte a la calle o a casa «porque me da algo» sin haber pasado por la respiración refuerza la idea de que solo huyendo se calma. La próxima vez el circuito vendrá más rápido.
- Tirar de café, azúcar o tabaco para recuperarte. Los tres suben la activación fisiológica justo cuando la necesitas bajar.
- Mirar el móvil buscando algo que te distraiga. Las redes hiperestimulan un sistema nervioso que ya está por las nubes.
¿Contárselo al jefe o a los compañeros? ¿Cuándo sí y cuándo no?
Cuándo sí: cuando hay una persona en el equipo con la que tienes confianza real y sabes que no lo va a usar en tu contra. Contarlo alivia y también te permite tener a alguien cerca si vuelve a pasar.
Cuándo no: en entornos muy competitivos, con jefes que evalúan el rendimiento como única variable, o cuando sabes que se va a interpretar como «debilidad». Ahí no es información que sirva de nada tener en el aire.
Con RRHH pasa lo mismo: en empresas con planes de bienestar reales, puede ser un buen recurso. En empresas donde RRHH es «el brazo de dirección», no.
Prepara el cuerpo antes de que el ataque llegue
Todas las herramientas o estrategias que aprendas para hacer frente a los ataques de ansiedad en el trabajo, las tienes que practicar cuando estás tranquilo. Por ejemplo, en tu casa, después de darte un baño, solo y en silencio.
La razón es sencilla: en pleno ataque, el sistema nervioso simpático está en su máximo, el pensamiento lógico se apaga y no vas a poder recordar una técnica nueva. Si el cuerpo ya la ha ensayado 20 veces en calma, la reconoce y la usa sin que tú tengas que «acordarte».
Cinco minutos al día de respiración abdominal en casa, hechos con constancia, valen más que leerse un libro entero sobre ansiedad.
El enfoque gestalt: ¿qué te está diciendo la ansiedad que no estás escuchando?
La ansiedad tiene que hacer que nos preguntemos: ¿qué es lo que me está diciendo la ansiedad y yo no estoy escuchando?
Probablemente hayas llegado a un límite en el que tu cuerpo te está diciendo que no debes superar. O estás evitando algo que sabes que tienes que afrontar y no lo haces. En el trabajo, esto suele tener una traducción muy concreta:
- Hablarle a tu jefe de ese ascenso prometido que nunca llega.
- No hacer más horas extras, aunque te las paguen.
- No estar a gusto con los compañeros y tragar con ello semana tras semana.
- Aceptar tareas que no te corresponden porque cuesta decir «no».
- Estar pensando en cambiar de puesto o de empresa y no dar el paso.
🎥 En vídeo · Manuel Cabanillas
«Digo sí y quiero decir no»
Uno de los mensajes más habituales del cuerpo cuando aparece la ansiedad laboral: llevas tiempo diciendo sí a cosas a las que necesitarías decir no. Lo trabajo en directo en este reel.
Desde una mirada Gestalt, el ataque no es un enemigo a controlar: es un mensajero. Trae información sobre necesidades que llevas tiempo aparcando. Escucharlo no es debilidad: es lo único que te permite dejar de necesitar que aparezca así de fuerte para hacerse oír.
Las técnicas de este artículo te ayudan a atravesar el momento. El trabajo profundo, el que hace que el ataque deje de aparecer con esa frecuencia, es el de mirar despacio qué está pidiendo tu vida que cambies.
Si los ataques de ansiedad en el trabajo se están haciendo recurrentes y notas que empiezan a condicionar tu día a día, puede ser el momento de mirar debajo con acompañamiento profesional.

